El amor trasciende lo metafísico
y se convierte en un puño
que atraviesa la piel
para agarrar bien fuerte el corazón.
Es ese golpe del que nacen mis latidos
al compás de 3x4
y del crugir de la horquilla en el losillo.
Es ese amor
que me hace renacer de mis cenizas
con sólo mirarte,
con sólo tocarte.
Y es que, Cádiz,
me abrazas desde el alba
hasta la madrugada.
Me besas con tus labios de sal
para cicatrizar todas mis heridas.
Me acompañas en mi viaje,
nunca abandonas mi pensamiento.
Me das la vida.
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