Muerte
y un dolor en el corazón
como infinitas agujas
vengandose de tus sueños.
Muerte de una ilusión.
Muerte de la esperanza.
Muerte. Más que muerte
una vida sin futuro.
Sonrisas calavéricas
que sólo son sombra del pasado
mientras un torbellino negro
arranca tu mente del cuerpo.
Y ya no eres tú.
Eres un espectro
que besa, que ama
pero desde la muerte.
Desesperación.
Abandono.
Tu ausencia
que me lleva hacia la muerte.
Desangrandose los ojos que no te miran,
deshojandose la piel que no te toca,
volviendose amargos los sabores
y humo los olores.
Quedando sorda a todo
menos a tu nombre.
Perdiendo los cinco sentidos
porque es un sinsentido perderte...
y sólo queda la muerte.
Muerte que no ausencia del dolor.
Mi condena por querer tenerte,
que quema las entrañas como hoguera,
que clava sus uñas en mi pecho,
que muerde mi espalda
con el sudor frio de tu ausencia,
que me hace caminar por cristales rotos,
que infecta mi felicidad
con la bacteria del pesimismo.
Y no hay cura para el dolor
salvo la muerte.
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