Ante la mirada del gran Orión
desnuda mi cuerpo su alma,
rezando a los rayos del alba
para la cura de su corazón.
Son las primeras gotas de rocío
junto a las del suave aroma del ron
quienes acompañan mi canción
con bocanadas de amor frío.
Muere la poesía callada.
Vive la pasión de la vida.
Cantan las letras sagradas.
Siembran campos de alegría
los primeros acordes de la calma
y los últimos latidos de la agonía.
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