Surcando los mares,
el buen barco llegó a puerto,
dejando atrás tormentas y oleajes
que más parecían dunas del desierto.
Descansa anclado a tierra,
descansa de murmullos inciertos
de la tripulación orgullosa y salvaje
de capitanes, alférez y marineros.
Pero grita el mar su nombre,
en tono triste, con descontento.
Reclama su vuelta al oceano.
Reclama con ansia su regreso.
Y el barquito retoma su marcha,
luchando contra el huracán de nuevo.
Por su alma, que es marinera.
por la sal que cubre sus huesos.
Pero el amor acaba con su vida,
arrojando a la orilla sus restos.
¡Pobre barquito valiente
que retó a la mar por un beso!
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