Sin nombre,
arrugada por el paso de los años,
se erige la puerta
que nunca se abre.
Contempla los coches pasar,
escucha las historias de sus pasajeros
pero no tiene nada que contar.
Es la puerta olvidada.
La que nunca se abre.
Puerta de las salinas.
Puerta de sol y sal.
Puerta que se erige acariciando las vías del tren.
Es la puerta olvidada.
La que nunca se abre.