domingo, 24 de mayo de 2015

Al final del laberinto (parte 4)

Continuando por el angosto camino, mar de raices secas y flores marchitas, un brote de luz empezaba a crecer. Era el final del bosque, dando paso a un campo verde, de alta hierba y un sol brillante. Al final, el laberinto.

Apresuradamente, crucé el paraje hasta oler los muros de piedra de mi destino. Un gran arco, custodiado por dos harpías en posición desafiante, daba la bienvenida a la entrada de aquel cementerio.

Respiré hondo, reuní valor y di el primer paso en el umbral de la puerta.

Silencio sepulcral. Oscuridad absoluta.

Y un crujido en el suelo desencadenó un terremoto que derribó la puerta, dejándome atrapada. Sin vuelta atrás.

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