sábado, 16 de mayo de 2015

Al final del laberinto (parte 3)

Sin piedad, un ejército de diminutas arañas se avalanzaron contra mí como si fuera un banquete nupcial.

Un ardiente cosquilleo ascendía desde el tronco de mis pies hacia mi cabeza. Pero, de repente, una estrella fugaz seccionó en dos mi prisión, liberándome de mi cautiverio.

Jamás comprendí por qué la llama del destino se encendió a mi favor, ni qué dios del universo se fijó en mí para acompañarme en tal misión. Pero escapé de aquella red de arañas y pude continuar mi viaje.

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