Es triste mirar alrededor,
sentir como los caminos se pierden
y tú, desde un palacio,
no haces nada.
Son las rocosas pendientes
las que, alejadas de tu destino,
más te tiran,
más te duelen.
Cicatrices del pasado que enseñan
a no interceder por nadie.
Heridas abiertas
que envenenan todo a su paso.
Mejor ver los caminos,
hundirse en el lodo de los vicios,
mientras brindas con vino
tras el ventanal,
seguro,
acomodado,
templado,
de tu palacio.
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