Tormenta,
relámpagos de emociones
que brillan tras la estela
de las nubes que visten el cielo.
Ronco cantar del trueno
que, por bulerías,
taconea alejándose
por el horizonte.
Tormenta,
voces sin piedad
que rompen la oscuridad de la noche
y cantan sus nanas,
bajo la luz de un infinito
que acaba.
Tormenta.
Poesía de la naturaleza,
pintada en acuarela
sobre la escultura
de las notas musicales
que habitan en mi alma.
Tormenta.
Tú.
Que brilla en mi oscuridad.
Que ensordece a mi mente.
Que estremece mi tacto,
mi oido, mi olfato, gusto
y mi vista.
Tormenta salvaje,
que temo
y que ambiciono
detrás del cristal de la cordura.
Tormenta.
Tú.
Que envenena mi corazon bohemio
y lo invita a contemplarte
a la orillita del mar.
Tormenta.
Y tras ella la lluvia
recorriendo mis mejillas
cuando la tormenta enmudece
y se desvanece entre mis dedos,
quedando el silvido del viento
para susurrar su recuerdo.
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