La vida es sueño
y es en la noche,
la más profunda de ellas
donde cobra vida el deseo.
Deseo de cosas imposibles,
imposible de no hacerse realidad
cuando sueñas,
vives,
en el mundo de tus sueños.
Un vaivén de nostalgia,
el despertar de los sentidos
en busca de esos besos
que el viento, y sólo el viento,
desliza por tu piel.
Electricidad que recorre la espalda
cuando lo prohibido,
lo efímero,
lo invisible
cobra cuerpo y nombre
para acariciar tu sombra.
Una vida en sueño
que, cada madrugada,
se convierte en sueño en vida.
Sin testigos.
Sin juguetes rotos.
Sólo sueños.
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