Érase una vez un saltamontes que paseaba por un bosque. Un saltamontes triste y solitario que no sabía cantar como los grillos, ni sabía trabajar como las hormigas, ni tenía un bonito hogar como las abejas.
El saltamontes saltaba y saltaba triste y solitario por el bosque en busca de su muerte. Pero un dia, llegó al final del bosque, que encumbraba una montaña trasla cual su única visión era aquella enorme y plateada luna llena.
Y el saltamontes se enamoró.
Ya no le importaba no saber cantar, no poder trabajar o no tener un bonito hogar. Sólo deseaba besar la luna.
Pasó varias horas, días, meses yendo a visitarla, leyendole poemas, regalandole flores...Hasta el día que el saltamontes decidió saltar.
Saltó una vez...
dos..., tres....
¡mil!,
sin cansarse.
Y a la mil una, alcanzó los labios de la luna.
Y volvió a su bosque, observando a los tristes grillos cantarines, a las agotadas hormigas trabajadoras y a las familas rotas de abejas,
disfrutando en secreto el beso que consiguió robar a la luna.
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