lunes, 8 de diciembre de 2014

Todo cambia

Perdóneme señor mío,
Don Jorge Manrique,
pues la vida no es el camino
sino nosotros mismos.

Es la vida quien pasea por nuestro cuerpo,
dejando, paso a paso,
huellas de su planta,
muertas las flores
y el aroma de la añoranza.

¡Todo cambia! Si la vida pasea.
¡Todo cambia! En la fragilidad de nuestra esencia.

Cambian las creencias,
las ilusiones, los sueños.
Cambia el amor
del que nadie es dueño.

Cambia nuestra piel,
la suavidad de las manos.
Cambia la mirada,
el aliento, ya cansado.

¡Todo cambia! Si la vida pasea
hasta desgastar la suela de su zapato
y convertirnos en el polvo del camino.

Será la paz de la muerte,
el único descanso,
lo que permanece.

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