Cuando cae la noche,
se levanta el sueño.
Un mundo de ilusión,
un mundo donde el ahelo
cobra vida.
Y en él,
bajo un frondoso muro de abetos,
aguardas,
sentada,
recta,
dichosa,
leyendo.
Me acerco.
Sigilosamente entre los troncos
para no despertar de tu letargo.
No vaya asustar a tal hermosa criatura
que el cielo, el sol y la luna
ante mi, ha dejado.
Y me acerco.
Y el compás de mi latir
acelera el ritmo de mis pasos,
sintiendo mi corazón a los pies.
Y es tu olor lo primero que aprendo de ti.
Un olor a vida, a plata, a sal, a marea.
Un olor que embriaga mi razón
como el aguardiente a los sentidos.
Un olor que me encadena, me atrapa
y no me deja marchar.
Y es tu sombra, la que se une con la mia,
corazón a corazón,
marcando unas curvas vertiginosas
que mis manos buscan recorrer
para conocer tu silueta.
Y es tu voz la que canta a mi alma.
Y es tu pecho donde quiero llacer.
Y son tus manos las que me guían
por los senderos oscuros,
alumbrados por tus ojos.
Me acerco.
Me acerco y me siento a tu lado
mientras el viento,
tras mis labios sellados, susurra
"te quiero".
No hay comentarios:
Publicar un comentario