Al atardecer suenan las trompetas alumbrando el ocaso,
corriendo rios de arco iris por el cielo,
cantando brillos, brillos de anochecer.
Y al atardecer, la sombra envuelve el firmamento, bordando en oro sonrisas y miradas que atraviesan, con su luz, el universo.
Al atardecer, cantan los amores buscandose en el reflejo de un río que recibe entre sus brazos la muerte del sol.
Y al atardecer, huele a azahar los sones de una tierra que ensalza a la luna al compás de sevillanas y rompe el silencio de la noche con su quejío, la voz del alma.
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