Suena la sirena de alarma.
Esa que ciega los oidos y ensordece la visión.
Suena la sirena de alarma.
Empieza la batalla.
En un bando,
la tropa mercenaria de la mente,
cargada de bombas de racionalidad,
y misiles de lógicas y miedos.
En otro bando,
la joven guerrilla del corazón,
con espadas de sentimientos
y ondas para lanzar pasión.
Suena la sirena de alarma.
Y me encuentra allá,
perdida,
en medio de una lluvia de confusión.
Una lucha encarnizada se ciñe sobre mi.
Sin lógica, sin sentimientos. Sin nada.
Sólo el vacío de volver a superar una batalla más.
Llega el amanecer.
El corazón vuelve a ganar,
siendo condenado a muerte
a manos del destino.