A las tres de la mañana.
A las tres en punto de la mañana
se respira el crujido seco
de ramas enlatadas.
A las tres de la mañana
el silencio se quiebra
con el ardor de una compañía
sin rostro ni nombre.
A las tres de la mañana
el amor se olvida
y la carne toma las riendas
para cabalgar sin rumbo.
A las tres de la mañana
treinta monedas de plata
se derriten entre las sábanas
de un sucio motel de carretera.
A las tres de la mañana
se llenan de vida
el túnel y las curvas
de la misma muerte.
A las tres de la mañana
se pone en oferta la dignidad,
trocandose el placer
por una sopa caliente
A las tres de la mañana.
A las tres en punto de la mañana.
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