Vibra la esfera celeste
cantando, en su mudez,
sinfonías sordas.
Es la prima donna del infinito.
Un infinito cubierto de terciopelo negro,
doradas estrellas y un silencio mortal.
Pero vibra la esfera celeste,
y se hace el milagro de la música.
Música que es vida,
vida que es música.
Vida que es marioneta
de los acordes más lejanos en sus disonancias
y que llega a la calma en los acordes consonantes,
cercanos, consoladores.
Música que despierta con su luz
el movimiento de las falanges,
mientras las caderas buscan compañía
para interpretar un tango elegante.
Música que, desde el universo,
atraviesa la piel y hace vibrar al corazón,
corazón que llora, rie o tiembla
cada vez que las esferas vibran.
Música que se transforma en universo,
cuando Haydn cobra vida de nuevo,
en cada instrumento que invoca su nombre,
que invoca su espíritu.
Música que desata guerras,
guerra de pasiones, melancolía,
justicia, ¡Libetad!
Es ella...
Sólo ella, construyendose y destruyendose.
Siendo afecto modal,
razón tonal,
inmensidad cromática.
La que se viste de negro
y susurra canciones de amor
en forma de escarabajo.
La que desata el color y el brillo
desafiante consu Dios salve a la reina.
La que atraviesa oceanos
para unir sangre y raza gitana
con el soul de los esclavos.
"¿Como quieres que te quiera?"
Es ella...
Todo y nada.
El universo silencioso que se rompe
al vibrar la esfera celeste.